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Dos visiones magistrales de la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas. "La Sierra" y "El Senderista Loco".
Son ya dos poetas consolidados en cuanto a temática del Parque Natural. Nos han regalado infinidad de relatos, poesía, sensaciones y al fin y al cabo, cultura, en pocos meses. Miguel y Marisa, hacen un resumen de los que representa El Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Cada uno a su forma; pintan con arte la Sierra sobre el lienzo de CazorlaTurismo.Com y con acuarelas de sentimientos.
La Sierra:
La carta que nuestro amigo Miguel publicó en su último artículo y
que yo desconocía, me ha hecho meditar estos días sobre la forma de ver
la sierra.
Para mí es la expresión de belleza más grande que existe, la obra del
creador, de mi Dios. La más bella expresión de vida, mi consuelo en los
días tristes.
La forma de admirarla me ha hecho recordar las obras de arte. Hay
personas que son capaces de poseer un valioso cuadro y colgarlo en el
cuarto de baño. Los mas bellos caballos andaluces y dejarlos morir
desnutridos, un psicólogo para un perro mientras niños mueren cada dia
de hambre.., y muchas cosas más, nimiedades que les hacen sentir
importantes, pero que a pesar de poseerlas no son capaces de ver ni
admirar mas allá de su vanidad, de su egocentrismo.
Con la sierra ocurre un tanto de lo mismo, se puede subir a la mas
alta cumbre y no haberse fijado en los detalles, en el vuelo de una
mariposa, el perfume de una flor, el murmullo del agua,
"Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie
de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la
lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos."
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El Senderista Loco:
EL SENDERISTA LOCO
(Cuento)
Había una vez, una lejana isla, donde había altas y majestuosas
montañas, que en invierno eran dulcificadas por el manto blanco de la
nieve. Entre éstas, dibujando por capricho con sus estelas cristalinas,
los arroyos y ríos fluían por doquier. Todo ello acompañado por toda
forma de vida, vegetal y animal.
También el hombre compartía habitáculo en la isla, repartidos en pequeñas aldeas emplazadas en collados y valles esmeraldas.
Un día, tras una despiadada tormenta, llegó a la perdida ínsula un
náufrago. Venía de lejanas tierras, y el destino lo cruzó
repentinamente con éstas.
Pasados varios días a la espera de un rescate que no se veía llegar, decidió adentrarse por estos lugares extraños.
Anduvo por senderos y caminos y cual fue su sorpresa, cuando se dio cuenta que se hallaba en tal maravilloso paisaje.
Pasó el tiempo y no hubo día que descubriera algún precioso paraje donde admirar y deleitarse.
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