
Toda la nobleza de Castilla sacó de las arcas sus mejores galas para asistir en Burgos a las ricas bodas de Ruy Velázquez con doña Lambra. Dignas fueron de un rey. Para ensalzarlas se vaciaron los graneros, bodegas y corrales de Castilla. Muchos vientres salieron de mal año en aquel casorio. Al segundo día, después del banquete que seguía a los torneos, un joven grupo de parientes de los nobles contrayentes jugaba a abatir con lanzas un castillo hecho de tablones pintados de rojo. Gonzalo, el menor de los siete hermanos de Salas, sobrino de Ruy Velázquez, medía su destreza en tirar al tablado con Alvar Sánchez, primo de la novia. Los dos eran muy jóvenes y había bebido en exceso. Después de ensayar varios tiros dudosos pareció que uno de Gonzalo acertaba con fuerza. El ilusorio castillete de tablas se deshizo con estrépito. Alvar Sánchez pretendía que el tiro no era válido porque había pisado Gonzalo una raya en el suelo. A unas palabras destempladas siguió el sacar las dagas de sus fundas de cobre y los dos mozos rodaron sobre las losas, por debajo de las mesas, trabados en un mortal abrazo. Manchaban sus valiosos mantos con las suciedades del banquete. Gonzalo se levantó algo aturdido mirando, como si no entendiese lo que pasaba, el puñal ensangrentado que tenía en la mano. Sacudido por laboriosos estertores moría Alvar.
Al silencio oprobioso de los presentes siguió un grito de ¡muerte! Lanzado por alguien y un revuelo. Pareció que los siete hermanos de Salas se iban a enfrentar con algunos convidados de la parte del difunto que ya habían requerido sus puñales. Gente de edad y respeto acertó a poner paz para que la cosa no llegase a más. Se otorgó un noble funeral al desventurado Alvar Sánchez. Los Salas ofrecieron reparaciones y pareció que las dos familias lo habían aceptado como una fatalidad nacida de la desafortunada combinación de juventud y vino.
Para mostrar su arrepentimiento y buena voluntad, los siete de Salas quiesieron acompañar al séquito de doña Lambra cuando la señora partió para su heredad de Barbadilla. Ruy Velázquez se demoraría en Burgos unos días. Ella hizo el camino en una mula parda. Hablaba poco, fingiendo afición al canto de las aves y a los otros sonidos del campo. La altiva señora era de corta estatura y para disimularlo iba siempre muy tiesa, levantando la cabeza como si mirara a las nubes. Con los finos labios apretados y los ojillos semicerrados, iba rumiando que venganza cumpliría tomar contra el linaje de los Salas, que habían profanado sus bodas. En Barbadillo mandó que sus criados agasajaran a los Salas antes de la vuelta y cuidó que uno de su confianza afrentase a Gonzalo lanzándole al rostro un cohombro lleno de sangre. Confiaba doña Lambra en que, siendo los Salas pocos y estando rodeados de criados suyos, se amilanaran. Junto al brocal de piedra del pozo, en el centro del patio, Gonzalo recibió el cohombro y salto como si hubiese esperado aquella ceremonia y todo lo que ocurría estuviese largamente decidido y ensayado. La ciega espada en la mano aulló tras ofensor. Los otros Salas requirieron sus armas y sus caballos. Con una tenue sonrisa doña Lambra acogió en su manto al fugitivo. Inútil gesto. Profanando las sagradas leyes de la hospitalidad, allí mismo lo hicieron pedazos las violentas espadas de los Salas y la sangre del desdichado salpicó el rostro y los vestidos de doña Lambra. Luego huyeron a caballo y se abrieron camino en medio de una memorable noche, pródiga en denuestos y silentes estrellas.
Como todos sabréis, no es nada nuevo comentar que Segura de la Sierra, además de ser un pueblo con un encanto y belleza muy singulares, ha sido cuna o casa de numerosos personajes ilustres desde la más remota época musulmana. Jorge Manrique, Quevedo, el Marqués de Santillana, Ibn Ammar, Martín Pérez de Ayala, Alonso Messía de Leiva, Pascual Candela y Sánchez, Ángel Uceda López, Nasser Ibn Abdallah Abu Omar Algaheki, Abrahin Ibn Muhammad Abu Isaac Alansareo, Abdallah Muhammad Ibn Abil Jisalo o los contemporáneos pero no menos importantes Genaro Navarro López, Vicente Salvatierra Cuenca, Francisco Cerezo Moreno y Emilio de la Cruz Aguilar, son sólo algunos ejemplos de la riqueza histórico-cultural de este pequeño gran pueblo.
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